
¿Cuándo se convierte en un trastorno?
La disociación puede ser transitoria y ocasional, sin implicar un problema clínico. Sin embargo, cuando se presenta de forma persistente o repetida, especialmente durante la infancia y la adolescencia, puede consolidarse como un patrón rígido que interfiere gravemente en la adaptación personal, social y laboral. En estos casos hablamos de Trastornos Disociativos.


Trastornos Disociativos


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¿Qué es la disociación?


La disociación es una respuesta psicológica en la que se produce una desconexión entre la mente y la experiencia presente, ya sea del entorno externo o de la propia vivencia interna. Se trata de un mecanismo que suele activarse ante situaciones de estrés extremo o experiencias traumáticas.
La disociación aparece como una estrategia de protección frente a experiencias que generan una intensa carga emocional y sensación de indefensión. Aunque reduce momentáneamente el impacto del trauma, también dificulta el procesamiento e integración de la experiencia, pudiendo convertirse en la principal respuesta de la mente ante el estrés.
Puede activarse por estímulos internos o externos relacionados con el evento traumático.
Implicaciones clínicas
Los síntomas disociativos pueden aparecer de forma aislada o integrados en otros trastornos relacionados con el trauma. Además, el contexto cultural y social influye en cómo se interpretan y expresan estas experiencias.
La atención terapéutica se centra en comprender la función protectora de la disociación, reducir su impacto en la vida cotidiana y favorecer la integración progresiva de la experiencia traumática, promoviendo una mejor adaptación, mayor estabilidad emocional y una mejora sostenida de la calidad de vida.
Manifestaciones frecuentes
La disociación es un fenómeno amplio y puede expresarse de distintas formas, que no son excluyentes entre sí:
Desrealización: percepción del entorno o de las personas como irreales, extrañas o distorsionadas.
Despersonalización: sensación de desconexión del propio cuerpo y/o de las emociones; la persona puede sentirse como un observador externo de sí misma.
Amnesia disociativa: dificultad para recordar periodos de la vida o información personal relevante.
Fuga disociativa: pérdida temporal de la identidad, a veces acompañada de deambulación o adopción de otra identidad.
Alteración de la identidad: la identidad se organiza en distintas “partes” con formas propias de sentir, actuar y relacionarse, pudiendo existir amnesia parcial entre ellas.


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